martes, 26 de mayo de 2009

La puerta. Apropiada.

Después de un tiempo de reflexión, unas ideas se me han ocurrido:

-Pintar un “cut-out” frente o al lado de la puerta original; como si la puerta fuera sacado de algo genérico, un pedazo de "género" que es la paréd en cual se encuentra- para que no sea tan especial, para perder su independencia, para decir "YO te saqué de la paréd- existes gracias a mí".

-Rayar la puerta (con “NO RAYAR”) y después tocar al timbre y ofrecer mis servicios al Señor de 175 Almte Montt- para pintarla amarilla purísima de nuevo. Esto será para hacer parte del fenómeno mágico de la puerta- que es su capacidad de recuperación tras un evento dañoso, hacerse rayado.

-O bien, pedir permisión al Señor de la Puerta por si me permitiría pintar su puerta en amarillo que cambia con cada capa a otro color.

Esta última idea me parece lo mejor por las siguientes razones:

-cambiar el color me liberará de su condición de ser “mi” puerta amarilla- no va a ser amarilla- va a ser un producto de deseo mío;

-hacerlo en muchas capas refuerza la onda de pacienc

ia de la puerta y su inmortalidad, que sea amarilla u otro color;

-pintarla para mí será adoptándola- mi trabajo personal será

la puerta y de allí querré protegerla igual que el Señor;

-yo soy pintora más que nada. Pintar es mi manera de liberarme

y apropiarme de la obra que se manifiesta a través mi ser.

Allí está! Ahora, el hacer...

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